mar 01

Segundo Domingo de Cuaresma

la-pureza-de-su-alma♦ Texto para la oración

Seis días más tarde Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, sube aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfigura delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: ‘Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’. No sabía qué decir, pues estaban asustados. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: ‘Este es mi Hijo amado, escuchadlo’. De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos.  (Mc 9, 2-10)

♦ Comentario al texto 

Comienza el evangelista diciendo, seis días después… Esto nos lleva a preguntarnos: ¿qué había ocurrido seis días antes, qué parece darle gran importancia el evangelista? Pues se trata del anuncio de la pasión. Parece que la noche y la luz se dan cita. La cercanía de las dos escenas intenta comunicarnos la convicción de que el inundado de Luz es precisamente aquel que consintió en atravesar la noche de la muerte. Pedro, en aquella ocasión, no pudo soportar semejante discurso y quiere disuadirle. En el episodio de este domingo, el mismo Pedro, es invitado a participar de este momento de luz. Ahora Pedro sí quiere compartir el gozo de estar reunidos con el Maestro: Vamos ahacer tres tiendas. La propuesta del evangelio de la transfiguración podría ser ésta: ¡Salid de vuestras tinieblas. Dejad atrás la seguridad del valle y emprended, sin miedo, la subida al monte, porque arriba os espera la luz! Permaneced en lo alto del monte, firmes, como si vierais al Invisible, hasta que vuestros pequeños temores vayan pasando a segundo término. Hasta escuchar la Palabra que nos infunde la certeza: Este es mi Hijo amado, escuchadle

♦ Momento de oración 

-Comienzo contemplando este pasaje de la  Transfiguración, que, como el del bautismo, es una nueva revelación de quién es Cristo. Es también una revelación de la Santísima Trinidad: oímos la voz del Padre y vemos la luz del Espíritu Santo y el deslumbrante rostro del Hijo.

-Puedo unirme, en oración, al canto de la Iglesia ortodoxa:

Hoy, en el Tabor,

en la manifestación de tu luz, ¡oh Señor!,

hemos visto al Padre como luz

y al Espíritu como luz,

guiando con luz la creación entera.

-Mi actitud de discípulo: Escuchar al Hijo, abrir mi corazón a la Palabra. Caminar en su presencia, deseando en todo cumplir su voluntad.

-¿Dónde me habla Jesús, el amado del Padre? En mi realidad concreta, allí donde hay un hombre o una mujer que necesitan de mi presencia, de mi compañía, de mi ayuda y entrega.

En oración con Santa Teresa

Parécele -al alma, como a Pedro- que no le queda qué desear, y que de buena gana diría con San Pedro que fuese allí su morada… Y va mucho en que el alma que llega aquí conozca la dignidad grande en que está y la gran merced que le ha hecho el Señor y cómo de buena razón no debía ser de la tierra, porque ya parece la hace su bondad vecina del cielo… y así ruego yo, por amor del Señor, a las almas a quien su Majestad ha hecho tan gran merced… que se conozcan y tengan en mucho, con una humilde y santa presunción para no tornar a las ollas de Egipto.

(Libro de la Vida 15, 1-2)

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feb 27

Nuevas y viejas tentaciones

Unknown-3Cada año, en el inicio de la Cuaresma escuchamos una seria advertencia. Es la realidad de la tentación que pretende ofrecer el atractivo de un mundo donde todo parece más fácil, pero con la propuesta de ceder al chantaje de una religiosidad fácil, a la promesa de una vida llena de éxitos o al engaño de caer en la corrupción del poder. La categoría humana del creyente y la firmeza de la propia fe cristiana deberán actuar inmediatamente para evitar caer en la trampa que le ponen.

¿Cuándo aparece la tentación? “La tentación – dice el papa Francisco – aparece a menudo bajo formas de excusas y reclamos, como si tuviesen que darse innumerables condiciones para que sea posible la alegría” (EG 7). Es la ruptura con Jesús, ya que la auténtica alegría proviene siempre del encuentro con él. Por esto ha dicho antes que “hay cristianos cuya opción parece la de una Cuaresma sin Pascua” (EG 6).

Las tentaciones de siempre, sin duda, cobran nuevas formas y aparecen bien diversificadas, hasta el punto que muchos ceden a su atractivo. Francisco dice que “cuando la vida interior se encierra en los propios intereses ya no hay espacio para los demás, ya no caben los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no late el entusiasmo para hacer el bien. Muchos caen en ella y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Esta no es la vida en el Espíritu que emana del corazón del Cristo resucitado” (cf. EG 2). El camino para superar este riesgo de tentación es el encuentro con Jesús, conocerlo más y más y vivir de acuerdo con sus exigencias.

Pero sobre todo – y es para reflexionarlo con calma, llevarlo a la oración y hacerlo elemento de conversión – se nos advierte de la tentación de mundanalidad espiritual que “se esconde tras apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia y busca, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal” (EG 93). “En algunos – añade – hay una atención ostentosa de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, pero sin preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción en el Pueblo fiel de Dios y en las necesidades concretas de la historia” (EG 95). El peligro de caer en la mundanalidad conduce a una tremenda corrupción con apariencia de bien. Por esto, “¡no nos dejemos robar el Evangelio!” (EG 97).

Texto de Sebastián Taltavull, en Misa Dominical 2015/03, CPL

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feb 26

Primer Domingo de Cuaresma

Marcos-1-12-15-7♦ Texto para la oración

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: ‘Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: Convertíos y creed en el evangelio’.(Mc 1, 12-15)

♦ Comentario al texto 

De una manera rápida Marcos en este breve texto nos sitúa a Jesús en el desierto, dejándose tentar por Satanás; y en su marcha a Galilea, donde proclama por primera vez que el reino de Dios está cerca, con una fuerte llamada: Convertíos y creed en el evangelio. Nos puede ayudar a profundizar en el tema de la tentación un texto de Pablo VI, cuaresma 1965: “La tentación es el encuentro entre la buena conciencia y el atractivo del mal; y en la forma más insidiosa de todas (…) La tentación es la simulación del bien; es el engaño por el cual el mal asume la máscara del bien; es la confusión entre el bien y el mal…

Quien ya no tiene en cuenta la ley del Señor, sus mandamientos y preceptos y no los siente ya reflejados en la propia conciencia, vive en una gran confusión y se convierte en enemigo de sí mismo. Muchos males nuestros están procurados por nuestras mismas manos, por la insensata malignidad obstinada en buscar no lo que conviene, sino lo que es nocivo para la existencia” Y termina Pablo VI ofreciéndonos unas claves por las que podemos entender hoy cual sea el camino de nuestra conversión o “modo de rechazar la tentación”: Es preciso renovar, revigorizar nuestra capacidad de juzgar, de discernir el bien y el mal. Siempre que el mal (…) se presenta atrayente, lisonjero, seductor, útil, fácil, agradable, debemos demostrar energía y prudencia para decir, tajante y resueltamente, no. Este es el modo de rechazar y superar la tentación”.

♦ Momento de oración 

Un año más nos encontramos en este tiempo litúrgico de preparación para la Pascua, la Cuaresma, que nos fortalece en la certeza: de que tenemos otra oportunidad de comenzar, de poner los ojos y el corazón en Aquel que nos ha precedido, con el gozo de que Él siempre nos lleva al Padre.

-Nuestros ojos puestos en Él: Jesús es tentado. Satanás le quiere disuadir del proyecto que el Padre tiene sobre él. Intenta llevarle a la confusión (según explicitan los otros evangelistas): presentándole la seducción del mal, intentando llevarle a la confusión del modo de realizar su misión. Jesús rechaza y supera toda tentación y se convierte para nosotros en modelo de capacidad de juicio y de discernimiento.

-Sin quitar la mirada de Jesús, el modelo, miro a mi vida y me pregunto: ¿cuáles son mis tentaciones?, ¿qué me separa del proyecto de Dios? ¿Cómo me sitúo ante las situaciones de confusión entre bien y mal, cómo discierno?

En oración con Santa Teresa:

Padre eterno, ¿qué hemos de hacer sino acudir a Vos y suplicaros no nos traigan estos contrarios nuestros en tentación?… Siempre hemos menester pediros remedio. Decidnos Señor alguna cosa para que nos entendamos y aseguremos… buen Maestro dadnos algún remedio… el que podemos tener es amor y temor; que el amor nos hará apresurar los pasos; el temor nos hará ir mirando adónde ponemos los pies para no caer en camino adonde hay tanto en que tropezar, como caminamos todos los que vivimos; y con eso a buen seguro que no seamos engañadas.

(Camino de perfección. Comentario al Padrenuestro: “no nos dejes caer en tentación)

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feb 20

Via Crucis

viacrucis1Durante el tiempo de Cuaresma, nos unimos en la oración comunitaria del Via Crucis todos los viernes a las 19:00 en el Sagrado Corazón

¿Qué es el Via Crucis?

Es la meditación de los momentos y sufrimientos vividos por Jesús desde que fue hecho prisionero hasta su muerte en la cruz y posterior resurrección. Literalmente, via crucis significa “camino de la cruz”. Al rezarlo, recordamos con amor y agradecimiento lo mucho que Jesús sufrió por salvarnos del pecado durante su pasión y muerte. Dicho camino se representa mediante 15 imágenes de la Pasión que se llaman “estaciones”, que suelen estar representadas en los muros interiores de los templos.

¿Cómo se reza el Via Crucis?

Existen muchos modelos diferentes para rezar el Via Crucis, y, de hecho, cada persona puede hacer sus propias meditaciones que le ayuden a acompañar a Jesús en este camino hacia la Cruz y la Resurrección. Sin embargo, cuando se reza comunitariamente se suelen utilizar las Estaciones tradicionales.

Cada una de ella comienza con una invocación, “Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo“, a la que sigue una breve reflexión sobre la Estación. Tras ello se dice otra invocación, “Pequé, Señor, ten piedad y misericordia de mi“, y se termina con la oración del Padre Nuestro. También se suelen intercalar cantos entre las Estaciones.

Las Estaciones tradicionales son las siguientes:

  1. Jesús es sentenciado a muerte
  2. Jesús cargado con la cruz
  3. Jesús cae por primera vez bajo el peso de la cruz
  4. Jesús se encuentra con su Madre
  5. El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz
  6. La Verónica enjuga el rostro de Jesús
  7. Jesús cae por segunda vez
  8. Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén
  9. Jesús cae por tercera vez
  10. Jesús es despojado de sus vestiduras
  11. Jesús es clavado en la cruz
  12. Jesús muere en la cruz
  13. El cuerpo de Jesús en brazos de su Madre
  14. El cuerpo de Jesús es depositado en el sepulcro
  15. Jesús resucita

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feb 16

Horario de celebraciones el Miércoles de Ceniza

maxresdefault8:30 en el Sagrado Corazón

12:00 en el Sagrado Corazón

16:00 en el Santo Hospital

19:30 en el Sagrado Corazón

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feb 16

Mensaje del papa Francisco para la Cuaresma 2015

«Fortalezcan sus corazones» (St 5,8)

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos.

Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.

Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.

La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.

Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra.

Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.

El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación.

1. «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26) – La Iglesia

La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres.

Nos lo recuerda la liturgia del Jueves Santo con el rito del lavatorio de los pies. Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen “parte” con Él (Jn 13,8) y así pueden servir al hombre.

La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).

La Iglesia es communio sanctorum porque en ella participan los santos, pero a su vez porque es comunión de cosas santas: el amor de Dios que se nos reveló en Cristo y todos sus dones. Entre éstos está también la respuesta de cuantos se dejan tocar por ese amor. En esta comunión de los santos y en esta participación en las cosas santas, nadie posee sólo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos.

Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación.

2. «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades

Lo que hemos dicho para la Iglesia universal es necesario traducirlo en la vida de las parroquias y comunidades. En estas realidades eclesiales ¿se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada? (cf. Lc 16,19-31).

Para recibir y hacer fructificar plenamente lo que Dios nos da es preciso superar los confines de la Iglesia visible en dos direcciones.

En primer lugar, uniéndonos a la Iglesia del cielo en la oración. Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios. Junto con los santos, que encontraron su plenitud en Dios, formamos parte de la comunión en la cual el amor vence la indiferencia.

La Iglesia del cielo no es triunfante porque ha dado la espalda a los sufrimientos del mundo y goza en solitario. Los santos ya contemplan y gozan, gracias a que, con la muerte y la resurrección de Jesús, vencieron definitivamente la indiferencia, la dureza de corazón y el odio. Hasta que esta victoria del amor no inunde todo el mundo, los santos caminan con nosotros, todavía peregrinos. Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia, escribía convencida de que la alegría en el cielo por la victoria del amor crucificado no es plena mientras haya un solo hombre en la tierra que sufra y gima: «Cuento mucho con no permanecer inactiva en el cielo, mi deseo es seguir trabajando para la Iglesia y para las almas» (Carta 254,14 julio 1897).

También nosotros participamos de los méritos y de la alegría de los santos, así como ellos participan de nuestra lucha y nuestro deseo de paz y reconciliación. Su alegría por la victoria de Cristo resucitado es para nosotros motivo de fuerza para superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón.

Por otra parte, toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres.

Esta misión es el testimonio paciente de Aquel que quiere llevar toda la realidad y cada hombre al Padre. La misión es lo que el amor no puede callar. La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). Así podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Cristo murió y resucitó. Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos. E, igualmente, lo que estos hermanos poseen es un don para la Iglesia y para toda la humanidad.

Queridos hermanos y hermanas, cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia.

3. «Fortalezcan sus corazones» (St 5,8) – La persona creyente

También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?

En primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración.

En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.

Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.

Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31).

Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.

Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: “Fac cor nostrum secundum Cor tuum”: “Haz nuestro corazón semejante al tuyo” (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia.

Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y les pido que recen por mí. Que el Señor los bendiga y la Virgen los guarde.

Vaticano, 4 de octubre de 2014

Fiesta de san Francisco de Asís

FRANCISCUS PP.

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feb 15

inTERESAte

cartel_tereYa están preparadas las Jornadas de Jóvenes para este año, desde el día 6 al 8 de marzo, que tendrán lugar en el Seminario de Corbán. Como sugiere el lema “inTERESAte“, van a estar centradas en la figura de Santa Teresa de Jesús, y se clausurarán ganando el jubileo en este año teresiano en la parroquia del Carmen y Santa Teresa de Santander.

Pueden acudir todos los jóvenes a partir de 3º de ESO, con la debida autorización de sus padres si son menores de edad. El precio es de 25 euros, que incluye el alojamiento y la comida para los días del encuentro.

Todos los jóvenes de nuestra parroquia que deseen acudir a las Jornadas deben comunicarlo a los sacerdotes cuanto antes, para realizar la inscripción conjunta.

Para más información, se puede acudir a la página de la Delegación de Jóvenes, o a su Facebook, o a su Twitter.

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feb 12

Reunión de padres de 3º de Catequesis

El próximo miércoles, día 18, tendremos una reunión con los padres de los niños que están en el tercer curso de Catequesis, para comentar los aspectos a tener en cuenta para la próxima celebración de la Primera Confesión y la Primera Comunión de sus hijos.

La reunión será en la Iglesia del Sagrado Corazón, y, aunque en la comunicación que se les ha hecho llegar se indica que la hora es a las 20:00 h, hay que tener en cuenta que ese día es Miércoles de Ceniza, por lo que la misa de la tarde seguramente acabe algo más tarde. La reunión tendrá lugar al término de dicha misa.

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feb 10

A vueltas con la familia

Unknown-2Que la familia es un tema de extrema importancia para la Iglesia no es algo nuevo. De hecho, es uno de los cuatro aspectos sobre los que el plan pastoral diocesano nos invita a trabajar con mayor dedicación, junto con los jóvenes, la caridad y la cultura vocacional.

Este año ha surgido en nuestra parroquia el “Espacio Familia“, un lugar en el que los padres y madres de familia pueden ayudarse mutuamente, compartiendo experiencias y preocupaciones. Se reúnen en los locales parroquiales, cada dos semanas, los miércoles a las 19:30, y por supuesto las reuniones son abiertas para todo el que quiera participar.

A nivel de la Iglesia Universal, se está preparando el Sínodo sobre la Familia, que tendrá lugar en Roma el próximo otoño. Para ello, se nos ha hecho llegar el documento de trabajo realizado por los obispos el pasado mes de octubre. Varias personas de nuestra parroquia se han puesto manos a la obra para leer el documento y realizar las aportaciones y correcciones que se ven necesarias, pues esa es la voluntad del papa Francisco: escuchar también la voz de los cristianos “de base” sobre un tema tan importante. De nuevo, todos aquellos que quieran participar en este trabajo, pueden hacerlo con libertad.

En los próximos días van a tener lugar varias conferencias sobre el tema de la familia, organizadas por la Delegación Diocesana de Familia:

  • Libertad y soberanía de la familia: Desafíos y amenazas“, por Dr. Elio A. Gallego García (director del Instituto de Estudios de la Familia de la Universidad CEU San Pablo”. El martes 17 de febrero, a las 19:30, en el Ateneo de Santander
  • El Sínodo de la familia en el contexto de la cultura actual“, por D. Fernando García Álvaro, delegado de Pastoral Familiar de la Archidiócesis de Valladolid. El miércoles 4 de marzo, a las 19:30, en la Casa de la Iglesia de Santander
  • Retos pastorales de la familia“, por Monseñor Mario Iceta Gavicagogeascoa, obispo de Bilbao y presidente de la Subcomisión para la Familia y la Vida de la Conferencia Episcopal Española. El jueves 5 de marzo, a las 19:30, en la Casa de la Iglesia de Santander

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feb 08

Rezamos Vísperas con Radio María

Unknown-1Este viernes, desde los locales parroquiales, se va a emitir la oración de Vísperas en directo para toda España, gracias a Radio María.

La hora de la emisión es a las 19:30. Aquellas personas que quieran participar, deberán estar unos 20 minutos antes en los locales, para prepararlo todo.

Recordamos que se puede escuchar esta emisora en Castro Urdiales en la frecuencia 101.9

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