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feb 27

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Nuevas y viejas tentaciones

Unknown-3Cada año, en el inicio de la Cuaresma escuchamos una seria advertencia. Es la realidad de la tentación que pretende ofrecer el atractivo de un mundo donde todo parece más fácil, pero con la propuesta de ceder al chantaje de una religiosidad fácil, a la promesa de una vida llena de éxitos o al engaño de caer en la corrupción del poder. La categoría humana del creyente y la firmeza de la propia fe cristiana deberán actuar inmediatamente para evitar caer en la trampa que le ponen.

¿Cuándo aparece la tentación? “La tentación – dice el papa Francisco – aparece a menudo bajo formas de excusas y reclamos, como si tuviesen que darse innumerables condiciones para que sea posible la alegría” (EG 7). Es la ruptura con Jesús, ya que la auténtica alegría proviene siempre del encuentro con él. Por esto ha dicho antes que “hay cristianos cuya opción parece la de una Cuaresma sin Pascua” (EG 6).

Las tentaciones de siempre, sin duda, cobran nuevas formas y aparecen bien diversificadas, hasta el punto que muchos ceden a su atractivo. Francisco dice que “cuando la vida interior se encierra en los propios intereses ya no hay espacio para los demás, ya no caben los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no late el entusiasmo para hacer el bien. Muchos caen en ella y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Esta no es la vida en el Espíritu que emana del corazón del Cristo resucitado” (cf. EG 2). El camino para superar este riesgo de tentación es el encuentro con Jesús, conocerlo más y más y vivir de acuerdo con sus exigencias.

Pero sobre todo – y es para reflexionarlo con calma, llevarlo a la oración y hacerlo elemento de conversión – se nos advierte de la tentación de mundanalidad espiritual que “se esconde tras apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia y busca, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal” (EG 93). “En algunos – añade – hay una atención ostentosa de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, pero sin preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción en el Pueblo fiel de Dios y en las necesidades concretas de la historia” (EG 95). El peligro de caer en la mundanalidad conduce a una tremenda corrupción con apariencia de bien. Por esto, “¡no nos dejemos robar el Evangelio!” (EG 97).

Texto de Sebastián Taltavull, en Misa Dominical 2015/03, CPL

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