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mar 01

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Segundo Domingo de Cuaresma

la-pureza-de-su-alma♦ Texto para la oración

Seis días más tarde Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, sube aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfigura delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: ‘Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’. No sabía qué decir, pues estaban asustados. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: ‘Este es mi Hijo amado, escuchadlo’. De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos.  (Mc 9, 2-10)

♦ Comentario al texto 

Comienza el evangelista diciendo, seis días después… Esto nos lleva a preguntarnos: ¿qué había ocurrido seis días antes, qué parece darle gran importancia el evangelista? Pues se trata del anuncio de la pasión. Parece que la noche y la luz se dan cita. La cercanía de las dos escenas intenta comunicarnos la convicción de que el inundado de Luz es precisamente aquel que consintió en atravesar la noche de la muerte. Pedro, en aquella ocasión, no pudo soportar semejante discurso y quiere disuadirle. En el episodio de este domingo, el mismo Pedro, es invitado a participar de este momento de luz. Ahora Pedro sí quiere compartir el gozo de estar reunidos con el Maestro: Vamos ahacer tres tiendas. La propuesta del evangelio de la transfiguración podría ser ésta: ¡Salid de vuestras tinieblas. Dejad atrás la seguridad del valle y emprended, sin miedo, la subida al monte, porque arriba os espera la luz! Permaneced en lo alto del monte, firmes, como si vierais al Invisible, hasta que vuestros pequeños temores vayan pasando a segundo término. Hasta escuchar la Palabra que nos infunde la certeza: Este es mi Hijo amado, escuchadle

♦ Momento de oración 

-Comienzo contemplando este pasaje de la  Transfiguración, que, como el del bautismo, es una nueva revelación de quién es Cristo. Es también una revelación de la Santísima Trinidad: oímos la voz del Padre y vemos la luz del Espíritu Santo y el deslumbrante rostro del Hijo.

-Puedo unirme, en oración, al canto de la Iglesia ortodoxa:

Hoy, en el Tabor,

en la manifestación de tu luz, ¡oh Señor!,

hemos visto al Padre como luz

y al Espíritu como luz,

guiando con luz la creación entera.

-Mi actitud de discípulo: Escuchar al Hijo, abrir mi corazón a la Palabra. Caminar en su presencia, deseando en todo cumplir su voluntad.

-¿Dónde me habla Jesús, el amado del Padre? En mi realidad concreta, allí donde hay un hombre o una mujer que necesitan de mi presencia, de mi compañía, de mi ayuda y entrega.

En oración con Santa Teresa

Parécele -al alma, como a Pedro- que no le queda qué desear, y que de buena gana diría con San Pedro que fuese allí su morada… Y va mucho en que el alma que llega aquí conozca la dignidad grande en que está y la gran merced que le ha hecho el Señor y cómo de buena razón no debía ser de la tierra, porque ya parece la hace su bondad vecina del cielo… y así ruego yo, por amor del Señor, a las almas a quien su Majestad ha hecho tan gran merced… que se conozcan y tengan en mucho, con una humilde y santa presunción para no tornar a las ollas de Egipto.

(Libro de la Vida 15, 1-2)

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